Así se las gasta un tal Carlos Alcaraz, un tenista extraterrestre que si no vino de Marte será de Júpiter, de Saturno o, quién sabe, quizá Plutón. De un origen recóndito, eso seguro, o cuanto menos diferente. Él es distinto. Él es así. “The heartbreaker”, transmiten en la narración de TennisTV. Efectivamente, todo un rompecorazones. Le ha faltado a Taylor Fritz el tiro de gracia y en un abrir y cerrar de ojos, todo se ha vuelto muy sombrío para el estadounidense, quien tras desaprovechar dos bolas de partido acaba disolviéndose como un azucarillo, a raquetazo limpio contra sus propias rodillas, pobres ellas, qué le habrán hecho. Pero entendible: 6-7(10), 7-5 y 6-3, en 2h 43m.
SINNER Y CAHILL, FIN DE LA HISTORIA
Jannik Sinner confirmó este viernes un adiós anticipado, el de Darren Cahill. El australiano, de 61 años, se incorporó en junio de 2022 al banquillo del tenista italiano y desde entonces trabajó de manera alineada con Simone Vagnozzi, que continuará con el jugador y contará en 2027 con otro complemento.
La novedad, adelantada la semana pasada por el diario The Times, será la llegada del sueco Magnus Norman. El nórdico (50 años) había dirigido hasta ahora al suizo Stan Wawrinka, ya retirado. Se sumará al cuerpo técnico a partir de diciembre.
“Darren ha sido una parte increíblemente importante de mi trayectoria”, afirma Sinner en un comunicado, en el que también recuerda que, de la mano del australiano, ha ganado cinco Grand Slams y ha alcanzado el número uno, que perdió precisamente esta semana en favor de Alexander Zverev.
“Pero lo que más significado tiene para mí es la relación que hemos construido”, recalca el de San Cándido, que agradece la “honestidad” y la “dedicación” del preparador, que en su día entrenó a estrellas como Lleyton Hewitt (1998-2001), Andre Agassi (2002-2006) o Simona Halep (2015-2021).
Cahill, por su parte, expresó: “Trabajar con Jannik ha sido un honor y un privilegio. Jannik es un joven extraordinario y un campeón humilde del que nos sentimos muy orgullosos. La confianza, la honestidad y la fe solo funcionan cuando son recíprocas, y esa ha sido la fortaleza de Jannik”.
Fuente: elpais.com