Durante unos segundos, pocas cosas parecen funcionar tan bien —y resultar tan refrescantes— como una bruma facial. La sensación recuerda a la de llegar, en plena ola de calor, a una terraza equipada con nebulizadores de esos que pulverizan microgotas de agua para bajar la temperatura del ambiente y de quienes se sientan bajo ellos. Sobre el rostro sucede algo parecido: una nube fría alivia el calor, rebaja la tirantez y hace que el maquillaje parezca más fresco. El gesto resulta especialmente apetecible en verano, en una oficina con el aire acondicionado a tope o después de varias horas dentro de un avión. La duda llega cuando las gotas desaparecen: ¿la piel está realmente más hidratada o solo acaba de ser mojada?
Fuente: elpais.com