A mediados del siglo XIX, un joven aprendiz británico de una mercería tuvo una idea brillante que cambiaría para siempre el rumbo de la moda. Tras el mostrador, observaba cómo la gente vestía prendas de abrigo que resultaban pesadas y bastante incómodas con las que lidiar las lluvias frecuentes de la ciudad. Crear un tejido transpirable que aligera el paso, y permitiera disfrutar del aire libre sin ataduras, fue su cometido. Así fue cómo Thomas Burberry daría con la invención de su revolucionaria gabardina, que terminaría por comercializar bajo su marca homónima en 1879.
Fuente: elpais.com