Cuesta creer que el origen de una de las sustancias más polémicas en redes sociales actualmente, el alcohol, provenga de un pigmento oscuro muy finamente molido que utilizaban las mujeres de la Antigüedad para proteger y embellecer sus ojos. Los árabes, en un alarde de ingenio y sencillez, lo llamaron “el polvo finamente molido”: al-kuhl. Para un contemporáneo, alcoholar los ojos podría parecer una aberración; sin embargo, fue una expresión médica común de la España medieval que implicaba proteger la mirada con sustancias medicinales micronizadas. Estos expertos alquimistas que hicieron posible la génesis de la perfumería moderna, extendieron la terminología equiparándola a los gases o vapores de alta volatilidad que emanaban de la destilación del vino —la principal fuente de etanol—, generando en la atmósfera esa percepción de diminutas partículas en suspensión, como polvo finamente molido. Pensaron que, al elevarse a los cielos, era una manifestación divina, por ello lo llamaron ‘espíritu’, así, en la Europa renacentista se denominó a los licores ‘bebidas espirituosas’. La cosmovisión islámica extendió esta perspectiva a las especies botánicas al ser destiladas, el etanol capturaba su alma o espíritu para obtener su esencia más sagrada, sus moléculas.
Fuente: elpais.com