La Navidad y la resaca se pasan. La culpa, los remordimientos y la huella digital son más complicadas que eliminar. Por eso, despertar y mirar con pavor el teléfono móvil tras una noche de copas que se ha ido de las manos puede ser doloroso cuando el WhatsApp se erige como el doloroso recuerdo digital del envío de mensajes bañados en alcohol. O cuando al intentar recordar lo acontecido, la noche se compone de lagunas, entrando en juego la inquietud de no saber lo que ocurrió. A este fenómeno, del que habló en 2019 en The Guardian Amy Fleming, se lo conoce con el anglicismo hangxiety, un término compuesto por resaca (hangover) y ansiedad (anxiety). David Nutt, profesor de neuropsicofarmacología en el Imperial College de Londres, explicaba entonces que precisamente, uno de los motivos habituales por los que se desencadena semejante ansiedad es la incapacidad de recordar las cosas humillantes que se dijeron ante la disminución de los niveles de glutamato a causa de la ingesta de alcohol: “Necesitas glutamato para crear recuerdos. Y una vez que vas por la sexta o séptima copa, el sistema de glutamato se bloquea, por eso no puedes recordar cosas”.
Fuente: elpais.com