La plaza de la Concorde de París se ha llenado esta semana de obreros construyendo una suerte de iglesia de quita y pon para que el Papa celebre aquí su misa multitudinaria el sábado por la tarde. Hace 230 años esta fue la plaza de la Revolución y aquí, en el mismo suelo que esta semana pisará León XIV, se colocó la guillotina que decapitó a Luis XVI en enero de 1793 y, nueve meses después, a María Antonieta. Rodaron cabezas. Pero la Revolución no solo decapitó a un cierto poder que emanaba del cielo, sino que persiguió a sacerdotes, cerró iglesias, convirtió Notre-Dame en un Templo de la Razón y trató de reemplazar el calendario cristiano por uno propio. Aquí nació la idea que vertebraría la República, que más tarde se llamaría laicidad y que, justo cuando el papa León XIV aterriza en Francia, atraviesa una de sus mayores crisis.
Fuente: elpais.com