En España ahora mismo es más fácil conseguir la unidad de la izquierda que obtener luz verde para la segunda temporada de una serie. Disculpen la exageración, ya hemos comprobado estos días que no hay empresa más imposible que la primera. Desde que las plataformas dominan el cotarro, no solo se ha acortado el número de episodios de una serie, sino que les resulta mucho más fácil comprarle una nueva al mismo equipo que renovar una existente. La fidelización que antes se lograba semana a semana gracias al vínculo del espectador con cada historia ahora se pretende conseguir vía marca ofreciéndole al suscriptor una serie nueva cada semana: cambia el menú, pervive el restaurante. En este contexto, las series duran poco y mueren rápido, y darle una segunda temporada a una es dirigirse a un público menor —como mucho, los espectadores que vieron la primera—, en lugar de a esa base de suscriptores que cada semana ve lo que sea que les echen.
Fuente: elpais.com