
Es necesaria pero también un poco pesada, por cuantiosa y repetida hasta el abuso, la invasión de un concepto llamado salud mental. Antes era más prosaica. La denominaban locura, desesperación, abandono, soledad, miseria, depresión, ganas de abandonar la Tierra. Ahora la han convertido estratégicamente en asunto de Estado y la psiquiatría y la psicología deben de estar viviendo su esplendor en la hierba. Ojalá que esto sirva para devolver un mínimo de alegría de vivir a la gente que verdaderamente tiene el cerebro y el corazón rotos. Una forma de evitar no volverse majaras tal vez sea, en época de próximas elecciones, de la reconquista del poder por un gobierno cochambroso o de que lo tomen otros que acabarán imitando a los que mandan ahora, no encender la televisión, ni pasar la existencia inmersos en las embrutecedoras redes sociales. Esas medidas higiénicas no otorgarán repentina felicidad a los practicantes, pero seguro que la auténtica salud mental se lo agradecerá. Por ello, busco ante todo series y películas que me hagan sonreír y reír. Es terapéutico, gozoso y agradecido. Si te ríes mucho a solas, pero mejor si lo compartes con otras personas, resulta improbable que aparezca el abismo.
Fuente: elpais.com