Los legisladores europeos pretenden casi cuadrar el círculo potenciando a la vez la industria europea y la descarbonización de la economía, con unos precios asequibles para el consumidor. Todo ello, además, con un calendario de plazos más que ambicioso. La Ley de Aceleración Industrial aspira a proteger la fabricación en el Viejo Continente (y en socios fiables) de la competencia china, obligando, por ejemplo, a que buena parte de los componentes sean de producción local. En paralelo, se apuesta por la siderurgia continental, menos contaminante. Pero estas medidas provocarían muy probablemente un encarecimiento de la cadena de suministro, como advierten las propias automovilísticas a las que se quiere ayudar.
Fuente: cincodias.elpais.com