
Hace unas semanas, en las fiestas de Oviedo, varios energúmenos vandalizaron una caseta en la que lucían banderas arcoíris y lemas antirracistas y apalearon a dos activistas al grito de “¡rojos de mierda, arriba España!”. Eso último, no lo anterior, me hace gracia, porque si le quitamos la connotación falangista a la frase, y va siendo hora de resignificarla, da la sensación de que los aporreados quieren que España esté abajo. Y no, de hecho dedican parte de su tiempo libre —ambos tienen trabajos remunerados— a intentar que España esté arriba: en derechos sociales, en vivienda asequible, en servicios públicos, en igualdad… minucias. Eso fue lo que se reivindicó en la manifestación que condenó las agresiones. Aunque éramos miles, solo se escucharon lemas positivos; nadie sintió la necesidad de recordar que en su dieta se incluye la fruta ni se jaleó “a por ellos” o “abajo, España”. Y no puedo hablar por todos, pero doy por sentado que, al igual que yo, quieren que España esté arriba en todo: en los rankings del FMI, en la Nations League y hasta en el Campeonato de dardos de Fráncfort.
Fuente: elpais.com