En una mañana lluviosa de finales de septiembre, en los salones del sótano de un coqueto hotel de Nueva York, como si de sus personajes se tratara, los protagonistas de La diplomática se sientan a charlar con la prensa. Las cuatro temporadas que han pasado juntos se notan. Antes y después de las preguntas de los medios, bromean, comen un dulce y, al salir, alguno que otro se cambia los zapatos por unas cómodas zapatillas de hotel. La confianza entre ellos y en lo que hacen está claramente establecida.
Fuente: elpais.com