“Gran parte de lo que atribuimos a la edad en la piel es, en realidad, sol acumulado”, apunta la dermatóloga Ana Molina. Frente a la idea generalizada, los años no son lo que más pesa en el envejecimiento cutáneo. “La radiación solar va produciendo un daño acumulativo: por un lado, provoca quemaduras; por otro, acelera la aparición de manchas, arrugas, flacidez y pérdida de luminosidad. Es decir, no solo afecta a cómo se ve la piel, sino también a cómo funciona y envejece”. Un hecho que explica también cómo el fotoprotector se ha convertido en el héroe de la rutina diaria y cómo las nuevas fórmulas ya no se limitan al clásico bloqueador.
Fuente: elpais.com