Cuando Liam Delap metió el 3-1 con un zurdazo que pudo enviar el balón al río pero lo clavó en la escuadra, Evangelos Marinakis, ‘Pavarotti’ para sus amigos, arqueó las cejas y sin alterar más músculos de su cara abrió un botellín de agua mineral y se lo bebió como si viniera de atravesar el Sinaí. El dueño del Nottingham Forest celebró la victoria de su equipo sobre el Manchester City. Pero sobre todo celebró un triunfo financiero. Si hubiera perdido, habría tenido que despedir al entrenador, Olvier Glasner, cuyo contrato está blindado por una cláusula indemnizatoria que le daría derecho a reclamar cerca de 50 millones de euros.
Fuente: elpais.com