Aunque es un apasionado de la Premier League, a Lamine Yamal no le generaba especial atención la mística de Wembley. Hasta que se la explicaron. Entonces, el delantero de la Roja quería dejar su marca en La Catedral. Y no tardó en demostrar su ambición, esa que lo tiene a medio camino entre el Balón de Oro y recuperar el poder en España después de que sintiera que su protagonismo en Estados Unidos no fue el que su avidez (ego) le demanda. El reloj no había marcado los dos minutos y Lamine no paraba de morder a la defensa inglesa. No es su principal característica: es extraño verle correr detrás del balón. Sin embargo, quería dejar su sello en la casa de uno de sus principales competidores en la campaña rumbo al Balón de Oro, Kane.
Fuente: elpais.com