Esa acción, ese contraglobo viniendo de espaldas y sobre un tipo que mide 1,96, explica muchas cosas. Tal vez lo explique todo. Donde la inmensa mayoría de los tenistas contemplan un abismo, Carlos Alcaraz divisa un terreno de oportunidades e inventa: ¿por aquí? ¿por allá? ¿o acaso por un costado? ¿Por qué no le dará por intentarlo, verdad? ¿Se atreverá? En ese lapso tan corto, el tiempo se congela (para él) y los de enfrente tiemblan. Lo temen. Y allá que va el murciano, convencido y preciso, descerrajando una parábola perfecta que sortea la estirada silueta de Taylor Fritz, décimo del mundo, y logrando un maravilloso punto que hace que la visita nocturna de este sábado al O2 —esta vez sí, grada prácticamente llena— haya merecido la pena.
Fuente: elpais.com